Licenciada Adriana Lisondo

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¿Porqué sufre una mujer?


      Una detenida observación nos muestra mujeres  que tienen una profunda necesidad de afecto y reconocimiento; capaces  de ahogarse en un vaso de agua; que dicen querer algo pero que cuando lo tienen lo desechan porque le encuentran defectos; que sostienen una conducta caprichosa e imperativa a la vez que temen molestar a los demás; que necesitan seducir constantemente a cuanta persona tienen a su alrededor; que necesitan sentirse deseadas.

     El problema de estas mujeres  es que ellas creen necesitar "todo esto", cuando en realidad "todo esto" son, ni más ni menos, síntomas de sus dificultades para posicionarse como mujeres deseantes y cuidadosas de su vida y sus proyectos en la relación con  un hombre.

     Por otro lado, pensamos al psicópata como un individuo manipulador, incapaz de sentir culpas, y que trata de invadir la intimidad de la víctima elegida para manejarla y dominarla.

 

 



     Estos individuos tienen una sensibilidad muy especial para captar lo que ella necesita, lo cual opera a su favor a la hora de la conquista.

     El psicópata menos peligroso es el que seduce a la víctima, le promete todo lo que ella quiere escuchar y cuando ya la pudo dominar, siente la necesidad de abandonarla y de partir a la búsqueda de una nueva emoción.

     ¿Por qué ella queda con el corazón destrozado por este tipo de psicópata?

     Porque ella, como buena histérica, necesita creer en las mentiras que él le dice ya que se enamora de la imagen y no del hombre que la porta, y no se toma el trabajo de conocer al que opera tras esa imagen. Ella se presta totalmente para que él despliegue su juego de seducción.

     La mujer suele presentarse a la consulta terapéutica en una posición de queja, esperando con justa razón, de la  empatía y comprensión del terapeuta.

     Ahora bien, ¿Qué quejas son estas?

     No son las habituales "él no me escucha", "él no me presta atención", "él no me quiere como yo necesito", "él no se acordó de nuestro aniversario", sino que son quejas referidas a situaciones humillantes en donde la descalificación – abierta o sutilmente expresada – está siempre presente llegando a veces a plantear situaciones de agresión física.

     Según la posición subjetiva de cada consultante, será el relato que brinde al terapeuta.

     El relato puede oscilar entre el regodeo al describir detalladamente las humillaciones recibidas, la búsqueda de complicidad del terapeuta: “¿Es un desgraciado, verdad?”,  o bien la autodescalificacion: “él sabe mucho y se pone violento porque yo no sirvo para nada”. Los relatos tienen en común el lugar de víctima de la consultante.

     Veamos más de cerca…

     Ella, al profundizar el relato puede llegar a decir “no puedo vivir sin él a pesar de que me hace sentir tan mal”… y algo de cierto hay, porque en el  devenir de la relación ella se ha doblegado totalmente a las exigencias de él, y por eso ha terminado pensando que él le es indispensable: “antes de conocerlo yo era otra persona, muy independiente, muy segura de mí misma, ahora necesito consultar en todo”.

     Ella puede haber creído al principio de la relación que era la elegida para ayudarlo: “él no ha  tenido suerte en el amor y siempre ha sido incomprendido”, entonces ella supuestamente  lo ayudará a conocer las mieles de la ternura.

     Luego ella irá dejando de lado sus caprichos, sus ganas de ser reconocida, admirada y elegida, sus ganas de seducir,  y se irá convirtiendo en un objeto de pertenencia de él: “lo quise dejar pero se puso a hacer guardia en la puerta de mi casa, me llamaba todo el tiempo por teléfono, no me dejaba en paz y entonces…volví con él… porque él no podía vivir sin mí”.

     En cuanto a él, el psicópata, tiene un sexto sentido para ver dónde está la necesidad de la víctima y apuntar hacia allí toda su artillería de seducción.

 

 

     Sus mejores partenaires son las mujeres  que se prestan a la manipulación porque este hombre les ofrece lo que ellas creen necesitar (“contención masculina” a las jovencitas, “acompañamiento” a las mujeres más grandes acosadas por la soledad).

 

     Luego él ira penetrando en la intimidad de ella y se apropiará de su voluntad, sometiéndola a todo tipo de manejos. Por ejemplo la insultara ferozmente un día y al otro día, con promesas de amor y bombones, volverá a convencerla de seguir la relación.

 

     ¿Por qué hace él todo esto? ¿Es porque es “malo”? …En realidad a través del dolor de ella él busca, en un vano intento, humanizarse, poder sentir, ya que él es como un autómata totalmente alienado de sí mismo.

 

     ¿Y ella? ¿Por qué ella sigue al lado de su psicópata?

 

     Porque esta relación al tejen entre los dos, y si bien el psicópata cosifica y denigra a su pareja es ella la que sostiene con su pasividad la relación.

 

     ¿Por qué lo hace? Porque en su absoluta sumisión ella cree encontrar equivocadamente un goce prohibido. Cree que puede llegar a alcanzar ese goce inefable, irracional, supremo, imposible de acceder a cualquier humano: el goce de fundirse en el otro, siendo el sufrimiento el precio a pagar por su insensatez.

 

     Ella a nosotros como terapeutas nos mostrara la llaga y nuestro saber hacer consistirá en  ayudarla a descubrir el imposible al que apunta a través de su calvario. Es fundamental ayudarla a recuperar el amor propio para que pueda conectarse con sus  proyectos de vida, o bien que pueda crear nuevos proyectos que la liberen de este lacerante dolor.

 

     En cuanto a él…Raramente nos consultará…¿Para qué?...Si él siempre tiene razón y no nos necesita.

 

LICENCIADA  ADRIANA LISONDO

CONSULTORIOS EN BELGRANO Y PALERMO

 

 

 

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