Licenciada Adriana Lisondo

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Este artículo no tiene intención de cuestionar las medidas sanitarias necesarias durante la cuarentena, sino la de estudiar sus consecuencias en la vida de la gente.

 

Hemos estado durante muchos meses cuidándonos, responsablemente, ante la grave amenaza del Covid-19.

 

 

Muchas personas han transcurrido la etapa creativamente, pero la gran mayoría han sentido incrementar sus ansiedades, producto de la falta de comunicación de los cuerpos, el tan añorado abrazo, el beso, la cena con amigos, la intimidad del sexo.

 

Asimismo, la falta de recreación vía las salidas al cine, al teatro y la concurrencia a los gimnasios fueron otros factores que contribuyeron a la comprensible sensación de encierro.

 

Muchas personas han sufrido y sufren fobias y miedo a salir a la calle y a retomar sus actividades, luego de tanto tiempo de sentirse confinadas.

 

Un capítulo especial merecería el incremento de la violencia doméstica, padecido especialmente por mujeres y niños.

 

Contribuyó a tanto desasosiego el hecho de que las familias vieron disminuir su capacidad económica y esa situación también fue y sigue siendo fuente de angustia.

 

Sin embargo hoy nos abocaremos a conversar sobre el tema del barbijo y de las comunicaciones vía Zoom.

 

Nos llegamos a dar cuenta que el barbijo quita lo más importante de la comunicación, al tapar el rostro que entonces pierde su expresividad, y la mirada, muchas veces cubierta preventivamente con anteojos, ya no expresa la luz del corazón.

 

No en vano Saramago nos dice que las palabras del corazón son un nudo en la garganta y un brillo en los ojos.

 

Me pregunto cómo podemos recuperar esa expresión en el rostro que no es tan querida tanto en los seres amados como con los que compartimos momentos ocasionales.

 

Creemos que los profesionales psicólogos podemos brindar esa calidez, esa comprensión y ese apoyo que, frente a la frialdad del barbijo, permita recuperar la expresividad del sentimiento, aunque preventivamente el rostro deba estar cubierto. Detrás del barbijo estará la sonrisa y detrás de la sonrisa estará el corazón de quién la porta.

 

También queremos decir dos palabras sobre el agotamiento que nos produce la comunicación vía distintas plataformas. Al principio de la pandemia no teníamos más que loas hacia la conectividad que nos daba la posibilidad de la comunicación, pero ahora, seres gregarios como somos, estamos realmente necesitando hacer un esfuerzo para continuar con esta modalidad hasta que el peligro de la enfermedad haya desaparecido.

 

En este ámbito también la calidez y comprensión del psicólogo será de gran ayuda para que las personas se sientan acompañadas y contenidas en su esfuerzo por soportar un tiempo más la comunicación vía plataformas, al poder re descubrir juntos sus ventajas en este difícil momento.

 

Adriana Lisondo
Psicóloga

 

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