Licenciada Adriana Lisondo

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1. Cuerpo y psique: una unidad indisoluble en continua interacción.

"La melancolía predispone a la enfermedad del cuerpo" Galeno, 220 D.C. Vemos cómo el gran maestro de la antigüedad ya intuía la clínica de las enfermedades psicosomáticas o fenómenos psicosomáticos.

El cuerpo humano puede ser medido, radiografiado, estudiado, analizado, operado y diagramado por la medicina moderna, que se vale de una cumplida red de aparatología.

Sin embargo, hay "otro cuerpo", el cuerpo que pertenece al sujeto que lo habita, quien a veces lo disfruta y otras veces lo padece. Este es un cuerpo que muchas veces se enferma cuando el sujeto sufre y se muestra rebelde a la medicina medicamentosa y a la objetivización científica.

2. Intentaremos acercarnos a ese cuerpo habitado por el sujeto desde el aporte de la psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) y el psicoanálisis.

Trataremos de dar una respuesta científica a las preguntas: ¿Por qué a mí me tocó esto? ¿Por qué justo yo me tengo que enfermar?

El estudio de la PNIE nos clarifica sobre la manera en que los sistemas psico, neuro, inmuno y endocrino interactúan para asegurar la salud, combatir la enfermedad y retrasar la muerte (o bien todo lo contrario).

Efectivamente, los sistemas nervioso, endocrino e inmune funcionan en forma coordinada con jerarquía probablemente mayor del sistema nervioso y continuamente censan la información del interior (tejidos, órganos, sistemas) y del exterior, procesándola para generar respuestas.

3.Los grandes maestros de la medicina antigua sabían mucho de las enfermedades o fenómenos psicosomáticos: 

Hipócrates plantea que es más importante conocer al paciente que tiene una enfermedad que la enfermedad que tiene el paciente.

Otro sabio de la medicina, Galeno de Pérgamo, consideraba que la mayoría de los pacientes que lo consultaban no padecían un mal físico.

Tucídides, general de la guerra del Peloponeso, con gran agudeza clínica notaba que la desesperación y la falta de resistencia hacían que la gente se abandonara y muriera cuando caía una plaga.

El general griego intuyó, 400 años A.C., la relación que existe entre lo que creemos y lo que sentimos sobre nosotros mismos y nuestro estado corporal como para aumentar o disminuir, en determinadas circunstancias, nuestros problemas de salud o enfermedad.

En el siglo XIX, Claude Bernard (1813-1878), decía que “la semilla no nace sin tierra” y suele ocurrir que el propio paciente facilita el abono para que la semilla de la enfermedad germine. ¿Acaso el cáncer, los problemas cardíacos, las autoinmunes, el asma, la psoriasis, etc. no son generadas en parte por el mismo paciente?

Contemporáneamente, Robert Ades investigó hace treinta años sobre el sistema inmunológico y demostró que se puede condicionar como a un perro que responde a un sonido. Si se puede condicionar es porque está bajo el control del sistema nervioso (SN) y a su vez, el SN está controlado por el pensamiento consciente e inconsciente.

4.Psicosomática, un enfoque psicoanalítico.

Podemos decir que el enfermo psicosomático presenta dificultad para transformar los hechos de la realidad en hechos psíquicos. En efecto, se trata de un sujeto que más que habitar el lenguaje en el que está inmerso, en determinadas circunstancias no puede tramitar los hechos psíquicos desde la función de la palabra y responde con descargas desde el sistema neurovegetativo, o bien “produciendo daños en el cuerpo”.

Así, el enfermo no tramita su cólera o su angustia a nivel de la palabra sino que se transforma en hipertenso, o bien no llora o expresa su necesidad de independencia sino que tiene un ataque de asma. Lo que tenía que ser resuelto psíquicamente se resuelve traumáticamente y la respuesta que se produce desde el propio cuerpo del sujeto, da cuenta de las fallas en la constitución subjetiva.

En efecto, algo falló en la constitución subjetiva y el sujeto quedó balanceándose en las aguas de la necesidad y la perentoriedad, en la dependencia de algo que lo esclaviza y lo vuelve inoperante para interactuar con su entorno.

El psicosomático vive la carencia como una apremiante necesidad, fuente de insoportable angustia y por ende necesita cubrirla angustiosamente, sea como sea, ya que hiere su narcisismo. El psicoanálisis puede aportar mucho al psicosomático, en tanto viabiliza el pasaje del campo de la necesidad al del deseo, el cual conlleva la dimensión de la finitud, del límite y de la espera.
Existe una suerte de bloqueo, de congelación radical del problema en el cuerpo del sujeto. Estamos en presencia de un traumatismo emocional que nunca pudo ser metabolizado.

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